Bajo el título “De lo local a lo global”, este martes ha
tenido lugar la primera sesión crítica celebrada en el marco de la XXIV Semana
de la Arquitectura 2025.
En esta primera sesión intervinieron Manuel Silva,
Premio Arquitectura y preexistencia: uso residencial unifamiliar junto a Kalibra Arquitectura, por su
proyecto Piedra y agua, vivienda en Sanlúcar de Guadiana (Huelva); Jaime
Daroca, del estudio Práctica Arquitectura y Urbanismo, Premio Ciudad,
paisaje y territorio por la intervención Río Somes, en Cluj-Napoca
(Rumanía), y Juanjo López de la Cruz, del estudio sevillano Sol89,
Premio Diseño arquitectónico con la propuesta Cajas de tiempo en
el marco de la XVI BEAU Medio Pla-zo.
Dinamizada por el crítico de arquitectura Fredy Massad, el
encuentro se desarrolló como un diálogo abierto en torno a los proyectos
premiados y a las experiencias de trabajar desde lo local hacia contextos
internacionales.
En primer lugar, Jaime Daroca explicó que “somos un
estudio de tres socios. El proyecto que presentamos lo ganamos en un concurso
público en 2017 y se terminó de construir en 2023. Lo ganamos iniciando el
estudio, desde Sevilla, pero participando en Rumanía. Nos atrajo el concurso porque
trataba de unir arquitectura, paisaje y urbanismo. Un proyecto en el que
tratábamos de expandir el río a la ciudad y devolver el estado natural al río,
que volviera la naturaleza, el paisaje, incorporando espacios públicos, vías
peatonales, etc. Ha sido un esfuerzo colectivo enorme de mucha gente de la que
nosotros somos la cara visible. Es un sistema abierto: hemos plantado una
semilla y el proyecto no está acabado; va a tener más vida dentro de unos años,
cuando los habitantes se apropien del espacio y siga creciendo”.
A continuación, Manuel Silva comentó que “a raíz de
este proyecto decidimos empezar un estudio, yo me volví a España. Es un
proyecto pequeño pero lleno de experiencias. Toma como punto de partida un
puesto de la Guardia Civil ruinoso, al que le hacemos una extensión para darle
luz a la ruina y crear una serie de servicios que complementan el programa de
la vivienda. Un volumen único en el interior, espacios sugeridos. Estaba muy
presente en la lógica del proyecto lo de trabajar con lo que ya había allí.
Teníamos que dejar de pretender tener el control sobre todo, aceptar el grado
de informalidad que había.”
Posteriormente, Juanjo López de la Cruz explicó que
“este proyecto que os presento es el comisariado de la Bienal Española de
Arquitectura y Urbanismo. Generamos un argumento para intentar crear una
lectura crítica sobre la arquitectura. Los comisariados son paradójicos: uno
establece una mirada teórica y luego los proyectos son los que son. Leímos qué
se estaba haciendo, establecimos una serie de categorías y pusimos un cierto
orden en el discurso nacional. Se presentaron 600 proyectos y quedaba la
exposición, que debía moverse. Diseñamos una especie de valija con dos niveles
para contar los proyectos.”
Durante la conversación se abordaron cuestiones como la
proyección internacional de los estudios jóvenes, las oportunidades laborales
fuera de España y el papel del discurso arquitectónico en un contexto
globalizado.
En este sentido, Juanjo López de la Cruz señaló que
“hay una condición lastimosa, una crisis que hace que los concursos públicos o
bien desaparezcan o tengan unas condiciones que hagan que los estudios se
muevan al exterior. Hagamos del problema virtud. En esos traslados, contrastar
métodos de trabajo del sur, comprobar otras formas y cómo podemos funcionar en
esos ámbitos… Nuestra experiencia es distinta, interesante y positiva”.
Por su parte, Manuel Silva añadió que “cuando acabé
la carrera, me fui a trabajar a Suiza. El hecho de que haya una especialización
mayor en otros países permite centrarse en temas más específicos: trabajar
realmente en los detalles constructivos, paisajismo... siempre he pensado que
nuestra formación generalista es algo muy bueno, pero ahora me lo pregunto, si
tener tiempo para dedicarte a cuestiones específicas no es también interesante”.
Seguidamente, Jaime Daroca apuntó que “a nosotros nos
pilla acabando la carrera la crisis, empezando el estudio, y vemos como un paso
natural el salto a lo global y ya cada uno desde ciudades diferentes. La
situación nos hizo plantarnos fuera y, de alguna manera, lo vemos positivo. Eso
no quita la crítica a la situación aquí y la necesidad de mejorarla:
honorarios, jurados… A nosotros nos encantaría hacer más arquitectura en lo
local”.
Asimismo, Juanjo López de la Cruz comentó que “buena
parte de las obras que se presentaron eran de escala muy menor, reformas,
acciones de reciclaje, instalaciones… y al mismo tiempo de expansión. Es una
coyuntura inevitable y tampoco le podemos dedicar más tiempo, uno trabaja en lo
que le dejan. A mí, como fenómeno, lo que me parece interesante es cómo una
escuela de arquitectura española, que siempre se ha denominado contextual, muy
ligada al lugar, a la comprensión cultural del sitio, ahora se desplaza a
situaciones culturales que desconoce. Ese asunto es interesante: ¿cómo se
desplazan nuestras miradas al exterior?”
Manuel Silva reflexionó que “ahora mismo estamos en
un momento en el que el discurso vertebra la forma de hacer arquitectura, lo
local se ha convertido en una condición de lo global. Hay una serie de
problemas que nos afectan a todos y eso facilita el poder tener éxito en otro
sitio. Estamos haciendo una arquitectura muy basada en el discurso y no en la
realidad de los sitios, por ejemplo, la sostenibilidad. Qué grado de coherencia
tienen las soluciones que se proponen. La unanimidad del discurso facilita que
los arquitectos nos movamos”.
El crítico Fredy Massad apuntó que “esa arquitectura
de Siza ya no existe más. La arquitectura se transformó en algo genérico, como
falta de personalidad.”
Juanjo López de la Cruz subrayó que “es un momento
cultural donde la autoría ha cambiado. Quien no tiene personalidad en Sevilla,
tampoco la tendrá en Seúl, y quien tenga esa impronta, pues sí. En Corea, por
su condición de isla, tienen verdaderos problemas para el abastecimiento de
materiales: se potencia que se trabaje con hormigón armado; si no entiendes
esto, cómo se construye allí, y trabajar en clave de prefabricación y patente.
Sí creemos que en los tres edificios que estamos haciendo está presente la
cultura mediterránea, el valor de lo público, y tampoco hay que minimizar la
voz propia”.
Para concluir, Manuel Silva manifestó que “me
preocupa que el mensaje que se propone, por ejemplo, en la Bienal de
Arquitectura de Venecia, es que hay arquitectura que está bien y otra que no lo
está. Parece que el hecho de salir a trabajar fuera favorece que se unifique el
discurso y se den recetas de buena y mala arquitectura, y se pierda la complejidad
de cada proyecto y operación”.
Finalmente, Juanjo López de la Cruz añadió que “pasa
de unas coordenadas locales a otra situación local. No hay un salto a lo
global, sino otro ámbito de lo local”.
Y cerró apuntando que “no está nada mal decir qué está bien
y qué está mal. La actividad de una bienal, de un comisario, es establecer
brújula, apuntar. Se echa de menos que haya una verdadera crítica, una
capacidad de los mejor formados intelectualmente de establecer un rumbo. No veo
certámenes que indiquen qué está bien o mal, otros que sean un panorama… el
problema es la multitud de voces, pero eso es un mal. Habría que recuperar una
cierta jerarquía, un principio de autoridad: qué premios están refrendados por
jurados solventes, el resto no lo valoremos; qué bienales tienen unos procesos
de selección solventes… un concurso de concursos donde cribáramos. También
habría que recuperar un sentido del tiempo prolongado, hay que estar atentos al
presente, pero recuperar voces autorizadas, con voces novedosas y una
perspectiva prolongada en el tiempo”.
Fotografías: María Cano Rico