La revista Neutra, editada
por el COAS, ha abierto el plazo de recepción de propuestas para su número
22, correspondiente a 2027, con el que inicia su quinta época y que
se presenta bajo el título “Más vivienda, pero ¿qué vivienda?”. La
convocatoria permanecerá abierta desde hoy, 9 de octubre, al 4 de diciembre
de 2026.
Esta nueva entrega de Neutra
admitirá proyectos construidos, propuestas, concursos, artículos, reseñas,
ensayos gráficos y otras formas de investigación y expresión vinculadas a
la arquitectura de la vivienda y la cultura del habitar.
Asimismo, podrán presentarse proyectos
construidos y propuestas de concurso realizadas en Sevilla o por arquitectos
colegiados en Sevilla, concluidos después del 1 de enero de 2025,
para el dosier de registro de la actividad colegial La arquitectura ahora.
Más vivienda, pero ¿qué vivienda?
Fue a finales
de los 70. Sevilla inauguraba su primer Ayuntamiento democrático después de
años marcados por un desarrollismo destructivo, degradación del caserío y una
planificación urbanística centralista e improvisada. Muchos entonces
contribuyeron a aquel cambio: movimientos estudiantiles, vecinales,
militancias, prácticas artísticas y, cómo no, el colectivo de los arquitectos.
Eran años en los que el Colegio articulaba nuevas visiones mediante estudios
urbanos y concursos para espacios como la Alameda, contrarrestando lo trazado
bajo el Plan de Reforma Interior del Casco Antiguo (1968), que rechazaban ya
tanto los profesionales como la ciudadanía. Fue cuando surgió una generación de
arquitectos sevillanos que empezaba a recibir la atención de todo el país y que
trasladaba al contexto andaluz los nuevos debates sobre la ciudad que existían
en Italia y a nivel europeo. Se multiplicaban entonces las ideas sobre los
modelos de vivienda colectiva, sobre cómo vivir juntos. Se construyeron el
bloque de El Porvenir, Doña María Coronel, Ramón y Cajal, Ronda de Capuchinos.
Se trazó la barriada de Pino Montano. El Ayuntamiento paralizó el P. R. I. C.
A. y las licencias de obra se suspendieron en el casco antiguo, poniendo pausa
a la especulación desaforada a través del planeamiento. Parecían sentarse así
las bases para un acercamiento serio y duradero a la complejidad urbana de
nuestra ciudad y a las formas de abordarla con las herramientas de la
arquitectura y el urbanismo. Por entonces no había mayor alegría que el pequeño
ritual colectivo de montar ese reducido esquema de la casa que es la caseta,
como fuera aquella del Colegio. En los años de la ilusión, «el futuro quizá /
aún estaba en su sitio».
Han pasado
muchas cosas a lo largo de estos cincuenta años. La EXPO, con todo su legado
infraestructural, supeditó a ella los instrumentos urbanísticos, reactivó
dinámicas de desplazamiento poblacional y nos familiarizó con conceptos como la
marca ciudad y la turistificación masiva. Todos los trabajos pioneros en
arquitectura bioclimática o estructuras tensadas, que podían haber tenido fácil
continuidad y aprovechamiento en un lugar que pasa medio año a más de 30 ºC, se
abandonaron con la misma alegría con la que habían sido aclamados. Más tarde,
la era del boom inmobiliario tapó las carencias de una ciudad entregada a la
desregulación y la gentrificación con Setas, bibliotecas que nunca existieron y
kilómetros de carril bici. Nouvel, Foster e Isozaki se hacían una foto en el
balcón. Luego llegó la austeridad, y la arquitectura que pudo sobrevivir abrazó
una estética de lo inacabado que lavaba la cara a unas políticas públicas
miserables. Hoy las viviendas protegidas de EMVISESA en la Cruz del Campo se
venden a 320.000 euros, la ciudad es incapaz de plantar un alcorque o poner un
toldo y la clase media cree que su mayor aspiración es un apartamento en Palmas
Altas, que es la copia de la copia de modelos irresponsables ya fallidos en la
mayor parte del planeta.
Neutra cree que
otra Sevilla es posible, y está convencida de ello porque otra Sevilla fue posible. Es posible
volver a pensar una arquitectura de la ciudad capaz de poner al habitante en el
centro del problema de la vida en sociedad y articular esa relación mediante
una vivienda colectiva digna que, como ocurrió a veces, estuvo a la altura de
las mejores producciones de su tiempo. Pero cada periodo histórico tiene sus
propias cuitas, y con ellas compone una idea de vivienda a su imagen y
semejanza, ya sea desde la proactividad o el derrotismo. Como espacio de
estabilidad en nuestras vidas, como cotidianidad extendida en el tiempo, la
vivienda es un molde que condiciona y fomenta el habitar en una determinada
manera y, en consecuencia, desarrolla el tipo de sociedad y de ciudad que
seremos. Hoy este molde parece estar cuestionado por cambios tecnológicos,
económicos, sociales y ambientales que generan nuevas yuxtaposiciones y
contradicciones, que obligan a reconsiderar sin prejuicios la naturaleza de
muchas de las dualidades que han cimentado nuestra manera de entenderlo: lo
individual y lo colectivo, lo privado y lo común, las ecologías y el consumo.
Producir
vivienda no es solo resolver una escasez. Es una reflexión decisiva sobre la
sociedad que queremos ser. Con este fin, el próximo número de Neutra plantea una
llamada a la capacidad crítica y prospectiva de la arquitectura para dotar a la
vivienda de significación colectiva. Entenderla no solo como una respuesta a
una necesidad cuantitativa, sino como un campo de investigación desde el que
explorar, cuestionar y anticipar las formas del habitar del presente y del
futuro. Interesa aquello que busca desbordar el ámbito de lo conocido:
propuestas que ensayan otras organizaciones espaciales y constructivas,
transforman lo existente o reformulan las relaciones entre lo doméstico, lo
común y lo urbano. Obras, concursos, proyectos, investigaciones y experiencias
que no teman a la contradicción o a lo aún tentativo, que planteen preguntas y
que registren críticamente nuestro vivir contemporáneo o aquel al que deseamos
unirnos.
Preguntarnos
«más vivienda, pero ¿qué vivienda?» es también preguntarnos qué formas de vida,
qué ciudades y qué futuro estamos dispuestos a construir.