Viernes, 26 de junio de 2026

Tejedor Linares obtiene el Premio de Arquitectura de Castilla y León y estudio veintidós gana en Vivienda Unifamiliar

Dos proyectos desarrollados por colegiados y colegiadas han sido reconocidos en los XIV Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla y León 2024-2025, convocados por el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla y León Este (COACYLE).

El Centro de Recepción de Visitantes de Clunia Sulpicia, en Burgos, obra de Antonio Tejedor Cabrera y Mercedes Linares Gómez del Pulgar, de Tejedor Linares Arquitectos, ha sido el gran triunfador de esta edición. Además de imponerse en la categoría “Otros Edificios de Nueva Planta”, el proyecto ha recibido el Premio de Arquitectura de Castilla y León 2024-2025, máximo reconocimiento de la convocatoria.

Por su parte, Casa vaciada. Refugio estacional en Soto de Sepúlveda, en Segovia, obra de Alejandro Infantes Pérez y Javier Muñoz Godino, del estudio veintidósha obtenido el premio en la categoría “Vivienda Unifamiliar”.

Desde el Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla trasladamos nuestra enhorabuena a los arquitectos y arquitectas premiados por estos importantes reconocimientos.

Centro de Recepción de Visitantes de Colonia Clunia Sulpicia en Peñalba de Castro (Burgos)

La intervención es una lectura, en primer lugar, de una topografía, como lo fue la elección del posicionamiento de la propia Clunia romana en el Alto de Castro. La estructura del territorio establece los valores paisajísticos y arquitectónicos que la obra quiere reforzar. La arquitectura se incorpora al paisaje dominado por la Peña Sobaños, a él se subordina y de él extrae sus argumentos espaciales.

Para integrar el nuevo edificio en el paisaje, la superficie vegetal de la ladera se extiende sobre la cubierta del Centro de Recepción de Visitantes que cobija en su interior el site museum. La cubierta-mirador, que refleja la estructura interna, puede ser usada para desarrollar actividades al aire libre y como jardín arqueológico que favorece el comportamiento bioclimático del edificio y permite que las especies herbáceas del entorno la colonicen.

El CRV se apoya en el camino que comunica las edificaciones preexistentes con el Teatro Romano y aprovecha la visibilidad de la peña desde la distancia para orientar al visitante que se aproxima a Clunia. El objetivo es transformar la secuencia de llegada, la acogida y la iniciación de la visita al sitio arqueológico en un dispositivo territorial, paisajístico y arquitectónico. En la distancia se percibe como una plataforma topográfica, integrada en la pendiente natural de la vega del río Argandilla, apropiable y accesible. En el interior, como un espacio que surge de la tierra, cueva o abrigo que dialoga con el agua subterránea que abastecía a la ciudad romana.

El nuevo CRV minimiza el impacto ambiental sobre el área arqueológica. Desde el desvío externo de los residuos de construcción hasta la reducción del carbono operativo e incorporado, el proyecto aplica diversas prácticas sostenibles y se alinea con los objetivos internacionales de sostenibilidad a largo plazo de la COP30: una alta eficiencia energética (calificación A), una reducción y compensación de los impactos de carbono y un ACV acorde con sus características arquitectónicas.

Casa vaciada. Refugio estacional en Soto de Sepúlveda (Segovia)


Ubicada en una pequeña población de los montes de Riaza en Segovia, la vivienda se inserta en los vestigios de un antiguo establo de piedra tosca y tapial, cuyas cubiertas y particiones interiores se encontraban en un estado acusado de ruina. Tras vaciar el volumen construido, el proyecto adopta la preexistencia de la envolvente como fundamento y límite, renunciando a reproducir la ocupación total original para, en su lugar, liberar un espacio central destinado a articular la nueva vida doméstica. Este vacío, en el que se ubica una pequeña alberca sobre la traza de un antiguo abrevadero, garantiza un espacio exterior, luz y aire, incluso ante un futuro en el que las parcelas colindantes al oeste y al sur puedan quedar edificadas. La estrategia espacial del proyecto se circunscribe al vaciado y a la consolidación de ese mismo vacío, configurándolo como un patio, un paisaje interior que busca el cielo a través de sus aberturas.

La nueva arquitectura se organiza en torno al patio con tres pabellones a dos aguas, articulados entre sí mediante lucernarios, y generando un nuevo zaguán a cielo abierto desde la calle, dando acceso a la primera nave en la que se desarrolla el estar. Los nuevos volúmenes se ensamblan sobre los muros existentes, generando escalonamientos que varían en cada fachada y que permiten reconocer desde el exterior la nueva ordenación interna. Cada pabellón concluye en un lucernario vinculado a los espacios bajocubierta, siendo el tercero de ellos una torre hueca que sirve como mirador del paisaje, y actúa como reflejo de la cercana espadaña de una iglesia románica.

El nuevo patio se rodea de un deambulatorio permeable con carpinterías de grandes dimensiones que distribuye el acceso a las habitaciones y, mediante escaleras escamoteables, a los espacios bajocubierta. La sala de estar genera un cruce de miradas entre el paisaje exterior y el patio interior a través de un gran hueco practicado en el muro de tapial que, para su conservación, se reviste de mortero de cal en las zonas más deterioradas. El proyecto construye un código material basado en la continuidad entre lo existente y lo nuevo: los muros de piedra y tapial se consolidan mediante el uso de la cal aplicada con un rejuntado característico de la zona, que se extiende a las fachadas nuevas de termoarcilla generando una superficie homogénea. La diferencia entre épocas se percibe por estratos más que por discontinuidades, mediante la técnica de aplicación del mismo material.

La nueva arquitectura se erige mediante una estructura mixta de hormigón, madera y acero, diseñada para trabajar conjuntamente con los muros conservados, de modo que permite corregir asentamientos diferenciales, desplomes y pérdidas de material en las zonas más erosionadas. El proyecto busca potenciar a través de sus espacios la relación de la vivienda con la naturaleza, los fenómenos climáticos -sol, lluvia, nieve, temperaturas extremas- así como los sensoriales -silencio, descontaminación lumínica, calidad del aire-. Se desarrolla un sistema bioclimático mediante estrategias pasivas como el uso de una solera radiante en el contacto con el suelo, la continuidad de la envolvente aislante interior, el almacenaje del agua de lluvia, el efecto chimenea de la doble altura de las naves de habitaciones con el patio abierto, etc. A su vez, la alberca longitudinal actúa como moderador higrotérmico, suavizando el microclima del espacio exterior y aportando una atmósfera doméstica vinculada a los ritmos estacionales del lugar.

La casa actúa como un dispositivo de observación en los límites de un territorio vaciado, reinterpretando las ruinas de una construcción rural mediante nuevas aberturas y miradores elevados orientados al paisaje de sierra que construyen un refugio estacional.